ATLAS.4
El proyecto Atlas. 4 de la artista Lara Ruiz se inserta plenamente en la conocida como estética del archivo, caracterizada a grandes rasgos, como compendio de los acontecimientos humanos desde una triple perspectiva: institucional (política), epistemológica (histórica) y medial (tecnológica).  Este objetivo adquiere importancia estética cuando arroja significación a todo lo que nos rodea por medio de la creatividad.
La desmembración del nombre del proyecto nos sitúa ante cuatro vías, diferentes pero complementarias, de cuestionar la idea de mapa. Dicha actitud no es nueva dado  que una constante humana es el afán de preguntarse por sus límites para trascenderlos. Esto nos ha llevado a pasar de figurar la esfericidad de la tierra a su demostración; y de aquí a vernos sumergidos en toda una red de mapas virtuales, los cuales ponen de manifiesto que seguimos conformando espacios pero, sin embargo, he aquí la paradoja, hemos dejado de ser dueños de los mismos. Este efecto alienante se produce, según la artista, porque Google se ha convertido en el nuevo Atlas.
Ese cambio de dueño es lo que realmente evidencia que el mapa ya no es lo que era. Ante esto, cabe preguntarse por nuestra actitud respecto a esta nueva forma de colonización asumida, que nos sitúa como víctimas y no como sus protagonistas. En este contexto es donde el arte, como el pensamiento en toda su agudeza, permite satisfacer la necesidad amplia de revisar lo socialmente aceptado. Raquel Lara Ruiz lleva a cabo esta tarea mediante trasvases entre lo virtual y lo analógico por medio del mapa, sintetizando de este modo la obra de artistas como Alighiero Fabrizio Boetti y Esther Pizarro. Por ello parte de la transformación de una herramienta informativa (la plataforma Google en su vertiente geodésica) en una fuente de creación. A este acto de apropiacionismo le siguen, como formas de expresión, actividades y conceptos propios del situacionismo y de nuevas actividades socio-virtuales como el geocaching.
El primero de los itinerarios se titula “Wonderful Landscapes. Never visited” (instalación, 2011). En este trabajo la artista parte de la apropiación de veinte imágenes extraídas de Google Street View que se corresponden con paisajes que rememoran cierto aire sublime. Este sentimiento romántico pretende advertir sobre la forma y no sobre el contenido de las mismas, de ahí que las fotografías se materialicen, pasando así de lo virtual a lo físico, conformando una exposición que, a modo de instalación, presenta a la sala expositiva como un gran mapa en el que se distribuyen las instantáneas en función de sus coordenadas geográficas. El objetivo fundamental es el de acercar físicamente al espectador todos aquellos lugares que probablemente nunca llegará a visitar para, con esta ausencia como base, plantear el tema de la redefinición de la autoría de los espacios públicos. Se trata, pues, de un ejercicio de (re)democratización de espacios o, dicho de otro modo, de lucha contra el dominio autoritario de lo visual-paisajístico con fundamento teórico en el cosmopolitismo kantiano, idea según la cual los espacios son enteramente públicos en tanto que nos pertenecen como ciudadanos del mundo.
La segunda de las directrices que componen este proyecto lleva por título “Wonderful Landscapes postcards” (en realización), donde, partiendo de los maravillosos paisajes del trabajo anterior, Raquel Lara Ruiz diseña postales que envía a sus diversos contactos por el mundo. El triple objetivo que se persigue es, en primer lugar, la coparticipación del destinatario en el mismo proceso de creación, dado que se espera de él que reenvíe la postal escrita en su lengua materna; en segundo lugar, la conformación de un gran archivo de información que presente a la artista como la encarnación del modelo kantiano de ciudadano, esto es, como el weltbürger que, en clave cosmopolita, tiende a unir todos los pueblos a través de su obra; y, finalmente se busca, citando a la autora, la creación de un amplio archivo babélico de variopintas procedencias en las que no siempre se relaciona la imagen con el destino y con un idioma concreto.
La tentativa de Raquel Lara Ruiz es la de poner en relación estética a la democracia y a las nuevas tecnologías (Benjamin, McLuhan) con el arte de archivo en estos dos trabajos señalados, los cuales, respectivamente, nos evocan a la labor del “Atlas Mnemosyne” de Aby Warburg y al proyecto “I got up” de On Kawara.
El proyecto se completa con “Observatorios” (2011), donde partiendo de Google Maps la artista confecciona una serie de cajas de mapas modificados, lo que llama observatorios, cuya elección de materiales añade una significación estética a la meramente informativa; y, por último, con “Cut/Stick world” (en realización), taller artístico dirigido a todos los públicos en el que partiendo de Google Street view llega a configurar ilustraciones digitales, collages y fanzines con vistas a activar al espectador   y equilibrar las diferencias mundiales.
Los cuatro trabajos que comprenden este proyecto se encuentran recorridos por ese intento de poner la dosis adecuada de ética y deliberación propia de la vida analógica a este devenir explosivo de lo digital. Este enfoque analógico, táctil, sensitivo y epidérmico introduce mejor el componente estético con el que la artista ejerce de flâneur digital que, a diferencia del friki en red, es consciente de la necesidad social de su labor. Todo ello nos permite hablar, esto queda a juicio del posible espectador, más de un visitacionismo que de un situacionismo que conciba a la artista como una creadora de situaciones. Si bien todo el planteamiento está recorrido por ese detournement claramente situacionista que, situándonos ante el punto de partida, se apropia de lo insulso y lo vuelve crítico.
Fernando González Rendo
22 de Junio de 2013
ATLAS.4
The Atlas.4 project by artist Lara Ruiz is fully embedded in what is known as the aesthetics of the archive, broadly characterised as a compendium of human events from a threefold perspective: institutional (political), epistemological (historical), and medial (technological).
This objective gains aesthetic significance when it imbues everything around us with meaning through creativity. The dissection of the project’s name presents us with four different yet complementary ways of questioning the concept of the map. This approach is not new, as a fundamental human trait is the urge to question our own limits in order to transcend them. This has led us from merely imagining the Earth’s sphericity to demonstrating it; and from there, to finding ourselves immersed in a network of virtual maps that reveal an ongoing process of spatial construction. However, here lies the paradox: while we continue shaping spaces, we have ceased to own them.
According to the artist, this alienating effect occurs because Google has become the new Atlas. This shift in ownership highlights the fact that the map is no longer what it once was. In light of this, it is worth questioning our stance towards this new, assumed form of colonisation—one that places us as victims rather than protagonists. It is within this context that art, like critical thought in its sharpest form, provides the means to reassess what is socially accepted.
Raquel Lara Ruiz undertakes this task by navigating between the virtual and the analogue through the map, thereby synthesising the works of artists such as Alighiero Fabrizio Boetti and Esther Pizarro. She does so by transforming an informational tool (Google’s geodesic platform) into a source of creation. This act of appropriationism is followed by forms of expression that incorporate elements of Situationism and new socio-virtual practices such as geocaching.
The first itinerary is titled Wonderful Landscapes. Never visited (installation, 2011). In this work, the artist appropriates twenty images taken from Google Street View, depicting landscapes that evoke a certain sense of the sublime. This romantic sentiment aims to highlight form rather than content, which is why the photographs are materialised—transitioning from the virtual to the physical—creating an exhibition that, as an installation, transforms the gallery space into a large-scale map where the images are arranged according to their geographical coordinates. The primary objective is to physically bring viewers closer to places they will likely never visit, using this absence as a foundation to explore the redefinition of authorship in public spaces. It is, therefore, an exercise in the (re)democratisation of spaces, or in other words, a challenge to the authoritarian control of the visual landscape, theoretically grounded in Kantian cosmopolitanism—the idea that spaces are entirely public inasmuch as they belong to us as citizens of the world.
The second strand of this project is titled Wonderful Landscapes Postcards (ongoing), in which, drawing from the landscapes of the previous work, Raquel Lara Ruiz designs postcards that she sends to various contacts worldwide. This project has three key objectives: first, to encourage the recipient’s co-participation in the creative process, as they are expected to forward the postcard written in their native language; second, to build a vast archive of information that presents the artist as an embodiment of the Kantian citizen model—weltbürger, the cosmopolitan who seeks to unite all peoples through their work; and third, as the artist herself states, to create a vast, Babel-like archive of diverse origins in which image, destination, and language do not always correlate.
Raquel Lara Ruiz’s attempt is to establish an aesthetic dialogue between democracy and new technologies (Benjamin, McLuhan) through archival art in these two works, which respectively evoke Aby Warburg’s Mnemosyne Atlas and On Kawara’s I Got Up project.
The project is completed with Observatorios (2011), where the artist, drawing from Google Maps, creates a series of modified map boxes—what she calls observatories—whose material composition adds an aesthetic significance beyond mere information. Finally, Cut/Stick World (ongoing) is an artistic workshop open to all audiences, where, using Google Street View as a starting point, digital illustrations, collages, and fanzines are created to engage viewers and balance global disparities.
The four works that make up this project are all underpinned by an attempt to infuse the digital explosion with the appropriate degree of ethics and deliberation characteristic of analogue life. This analogue, tactile, sensory, and tangible approach better introduces the aesthetic component with which the artist assumes the role of a digital flâneur—unlike the online geek, who remains unaware of the social necessity of their work. This perspective allows us to consider, subject to the viewer’s judgement, whether it is more appropriate to speak of visitacionism rather than Situationism, in which the artist would be seen as a creator of situations. Nevertheless, the entire project is infused with that unmistakably Situationist détournement—which, bringing us back to the starting point, appropriates the banal and renders it critical.
Fernando González Rendo
22 June 2013